bosque, energía y nueva industrialización

Bosque, energía y nueva industrialización | Yucatán

Yucatán no sabe protegerse de las llamas. Mientras todo el mundo habla del Corona el fuego devora el ambiente natural y cultural. Llevamos casi ocho semanas sin lluvias, y es horroroso ver el humo, tierras quemadas, montes desaparecidos. Es el infierno. En vez de prepararse de antemano para enfrentar este fenómeno tan conocido, la gente aprovecha la oportunidad para destruir más. Lo llaman ´limpiar terrenos´. Limpiar de qué? De toda oportunidad para vivir bien.

Si lo quisieran llamar cambio climático pasarían la responsabilidad a algún agente externo, alguien desconocido, lejano e incontrolable. Pero no es así. Los fuegos son el resultado de una política agraria desorientada que comenzó con la supuesta ´revolución verde´ de los años 1980. El traspaso de la investigación agrícola a los Centros Internacionales introdujo semillas dependientes de los insumos externos, fertilizantes y plaguicidas, y con ello el mando de las corporaciones agroquímicos. Siguió el NAFTA con su destrucción total del control campesino y de sus medios de producción. Dentro de pocos años, México pasó de ser el mayor productor de maíz del mundo al mayor importador. La tendencia culminó con la introducción de los transgénicos patentados, terminando con la redistribución de las riquezas del campo hacia los imperios financieros que no pagan impuestos.

La prevaleciente industrialización del agro ha sido trágica, destructora en muchos de sus efectos regionales. Ha sido mortal para los microorganismos del suelo y detrimental para la calidad del agua. Por razones sistémicas, el cultivo industrializado no puede adaptarse a las condiciones naturales de Yucatán, ya que externaliza sus efectos nocivos, y su productividad es sólo del capital invertido. No es de rendimientos altos como predican, más bien es de alta respuesta a la inversión de capital. Los cultivos en grandes superficies, la planeación estratégica desde las oficinas corporativas, y la aplicación de los agentes industriales de producción, como el glifosato a las semillas híbridas, son nocivos para la salud y, lejos de ser sustentables, son sólo efímeros.

Esta dinámica ha sido descrita en detalle, y a todos los niveles. Ahora se trata de buscar el remedio para no quedarnos con la ceniza sola. La solución al problema es evidente. Necesitamos salir del círculo vicioso de la destrucción. El bosque creaba y mantenía la humedad tan apreciada en la península de Yucatán. Una vez talado y quemado falta esta humedad para sembrar nuevos árboles. En consequencia, bajan las cosechas agrícolas, fallan las cosechas de miel, escasean los materiales de construcción y las las medicinas naturales. Incrementan todos los índices de pobreza, y con ello, aumentan las acciones insanas, destructivas, e incontrolables. El círculo vicioso solo se puede romper trabajando con la naturaleza. Nosotros sabemos cómo, y los Mayas lo han sabido siempre.

Bernardo del Monte
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Chan Ká Vergel
El pequeño pueblo del paraíso
profundamente conectado con la selva, y
sólo ocasionalmente con el internet.

Para encontrarnos busque las Grutas de Loltun y continua hacia el sur, cruzando el pueblo llamado Cooperativa por su calle principal curveada hacia XUL. A tres kilómetros verán un letrero blanco enfrente del Chan Ká Vergel. Sigan derecho por 1.1 kms más, y verán una piedra grande por la izquierda. Entren!

Prólogo | en la entrada al infierno

Prólogo | en la entrada al infierno

La salida del infierno se encuentra en su mero centro
[Dante]

La humanidad lleva ya varios milenios viviendo ciclos entre su bienestar y profundas crisis. Cada vez que el cielo parece cerca nos percatamos de la inminente presencia del infierno. En la entrada al infierno reflexionan los sujetos descritos por El filósofo Alighieri Dante y al fin concluyen que la salida de la miseria se encuentra en su mero centro. El prólogo pudo haber sido escrito hoy mismo.

La crisis es obvia, es pública, es global, es omnipresente, y aún así, los afectados prefieren cerrar sus ojos al enfrentar el centro del fenómeno. No es fácil despertar. Primero necesitamos vivir bien para percatarnos de la existencia del mal, y sólo después el infierno que descubrimos nos hace identificar lo que sostendrá nuestra futura libertad y bienestar.

La visión de Dante se me hace cada día más realista viendo las llamas subir alrededor hacia nuestras casas, en California, en Yucatán, en Alemania, en Australia, o donde sea. California es el Estado con los mejores índices de desarrollo de USA, y no saben protegerse del fuego. Alemania están perdiendo un alto porcentaje de los bosques supuestamente mejor manejados del mundo. Yucatán enfrenta el colapso total de justo aquellos ecosistemas que fueron considerados la mejor atracción del mundo para el turismo. Ejemplos como estos pueden llenar libros. Apenas proclamamos haber logrado la cúspide del desarrollo humano, y ya caímos a sufrir profundamente.

Busquemos la salida entonces. Orientándonos por el prólogo de Dante debemos entonces identificar el centro del mal. Sólo allí abriremos la puerta hacia el futuro bienestar. Esta opción existe. Tendremos el valor de pasar por las llamas? Sabremos aprender del imagen que Dante nos pintó?

Creo que no lo haremos solo, y por la mismo se juntó en el Chan Ká Vergel un grupo compuesto por empresarios, ingenieros, ex-administradores, científicos, doctores y artistas, inquietos y preocupados por la incapacidad de enfrentar los retos que nos unen. El grupo quiere ser protagonista de un nuevo animo y orden productivo, sustentable, saludable y próspero, y quiere tomar el camino que allí le lleva, aunque pase por las llamas del infierno. Lo que brilla atrás del actual horizonte es una gran visión.

La nueva industrialización | visión del futuro próspero y sano

La industrialización de los siglos pasados formó la sociedad que vivimos. Determinó los actuales estilos de vida, tecnologías, medios de comunicación y las enfermedades que sufrimos. La falta de sustentabilidad, las crisis monetarias y las ambientales son resultado de ella.

Esta industrialización y sus ciencias crearon un mundo del consumo ilimitado, pero nunca supieron explicar los orígenes y los mecanismos de la vida misma. El consumismo material nos hizo robots, esclavos dependientes en modo de autopiloto. Fuimos programados en las escuelas, Universidades, por los medios y por la política. Nos transformamos en carreristas competitivos, y perdimos la conciencia de quienes somos. Los ideólogos de este materialismo propusieron verbalmente que el hombre debía independizarse de la naturaleza, y controlarla formando un nuevo mundo.

El resultado es el mundo actual. Soñamos con poder restaurar lo perdido. Es difícil, sin embargo, resolver un problema con los mismos medios que lo crearon. Las llamas del infierno deben desprendernos de nuestras rutinas y hábitos, y al fin, podremos, ojalá crear la solución. Por esto la llamamos la nueva industrialización.

Existirán la memoria, y el conocimiento de lo que había. Existe la ingenuidad humana con la que la peor crisis se transforma en fuerza motivadora para superarla. En nuestra experiencia personal hemos estado en contacto con el fenómeno. Ahora habrá que vivirlo juntos, y en público. Se trata de renovar la sociedad y economía. Debemos tomar los pasas hacia dónde nos dirigen las palabras de Dante,

Viajero | el camino se hace andando !

El viajero deja s zona de comfort atrás. Ya no sabemos viajar, hemos desaprendido movernos donde no hay camino, pero el camino se hace al andar.

La misma ciencia procuró que nos quedáramos ignorantes. Se nos presentan expertos en vez de involucrarnos en la búsqueda. Perdimos nuestro sentido de realidad, y con ello no sabemos diferenciar entre conocimientos y creencias, religión o esoterismo. Lo que el resurgimiento del siglo 17 superó regresó como si fuera un Bumerang, incontrolable y violento con un simple virus. No sabemos que camino tomar. Enfrentando lo desconocido no logramos entender, caemos en pánico y miedo.

Los antiguos cuentos preparaban a sus chicos mediante un buen número de cuentos que hablan del pánico frente a un gigante, un ser tan superior a nosotros. En este contexto la biblia describe como el caso de David hizo la excepción. Él, en vez de paralizarse con el miedo, agarro una piedra, la lanzó al frente de su oponente, y lo tumbó. Hay allí la segunda recomendación: identificar el punto débil del gigante, de aquel nos nos confronta en el centro del infierno.

Acción | secreto del éxito

Analizaremos cómo superar el miedo, qué piedra seleccionar, y cómo tirarla. David, con este simple gesto espontáneo, se hizo rey y aseguró su lugar entre los hombres más valientes de la historia. Hagamos lo mismo! El virus nos ofrece la oportunidad. Pero hay que actuar.

Presentaré primero algunas propuestas concretas de acción. En el último capitula hablaré del rol y de la importancia del virus. El objetivo de esta propuesta es mostrarte tu propia capacidad protagonista frente a ambos: el virus y los tantos retos expuestos por su ocurrencia, y el diseño de tu propio futuro.

How to create a sustainable society • Part 4

Nature

In our modern ‘natural’ laws there is no room for a balance of efficiency and resilience. They rather cement our modern dependency traps.

Only in the 1970ies Ilya Prigogine won the nobel prize describing how life is capable of setting apart entropy to create harmony, it does so dissipating energy. To achieve sustainable progress we must use our own inner forces and dissipate energy. Eating we incorporate the energies dissipated by plants or animals. That chain of life is the baseline of natural sustainability.

Remember what the old KOGI said?
“We are on earth because the other beings want us to be around!”

Think about another context.
You meet someone, things start making sense to you and suddenly you start investing endless efforts to achieve a goal. You glow with energy … when you fall in love.

To overrule entropy, we must love what we do. Isn’t that everybody’s experience? But just when i say ‘why not fall in love with the world?’ I run the danger of being ridiculed. That’s where the cultural paradigm hinders learning.

Again, the Maya show us what it means. When I meet any of my Mayan friends on the street I ask ‘ba’ax ka wa’lik? Where do you go?’ They answer: ‘Mix ba’a’. It literally means ‘nowhere’. But it really means ‘ Don’t worry, I go my own way!’.

Tranquility, balance is the utmost state. More is not needed and never less. Mayans don’t hedge any fear. The answers implies: I am sufficient,
I am responsible, I have all I need. Even very poor people share this attitude, and I can assure you, these people do not need psychological care.

On my farm I reconstruct an old Mayan village through. It’s 2’000 years old. Intuitively reconstructing it we seem to awaken abundance, prosperity, beauty and knowledge.

Couldn’t we equally re-create an economy blended with nature to live within our means and make global peace?

The village had a tower, just like the medieval towns and villages. Anybody climbing a tower a thousand years ago oversaw 80% of the production area where all consumption needs were met. This person developed a sense of responsibility for the community’s sustainability.

Nowadays the tower would have to be too high to even see any of of the production sites. Therefore we constantly build higher towers.

Yet, more of the same does not solve our issues, “the real voyage of discovery consists not in seeking new landscapes, but in having new eyes.“

We know all there is to know, but we ignore our footprints, abandon those who name a difficult truth, mock at people who call for change.

Bernardo del Monte

Dr. Bernd Neugebauer
Chan Ká Vergel
Oxkutzcab, Yucatán
México

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How to create a sustainable society • Part 3

When did the Mayan society collapse?

Betrayed by Spanish priests, in a town called Maní, 10,000 of their spiritual leaders, their coordinators, were slaughtered and burnt on one single day.

Their economy lost its backbone. It’s wealth went into the hands of the church and financed Europe’s major commercial empires. History was then written by the conquerors.

The Maya fought back. Their last war against the colonising culture lasted into the 1920ies, but … they still had to encounter the strongest colonial weapon. During the past 100 years or so our interest based money lending economy destroyed their last social and political structures.

In Western schools we are taught that the world is a closed controllable system, perfectly designed by those who lead and govern. Our economists are trained to run extractive and destructive production processes. They have no tools for an integration or cascading of different levels of production. This makes them afraid of looking back because then they would have to acknowledge that destruction can never be sustainable. It leads to death.

The Mayan society was wide open and transformative. So the Western economy is incompatible with the Mayan food and forest production systems.

It is hard to realise how this is all happening when you are part of the culture responsible for it. The cultural agreements made about our way of life and production are our default way of thinking and our structural guideline. That guideline is instrumented by our monetary system and subsequent technology.

Now everybody is made believe that the monetary system has the status of a natural law. But it has not. It was intentionally designed to implement our cultural beliefs. It creates dependence and concentration of power. People get trapped in the system. Its lack of resilience is fully intentional. It’s objective is not sustainability but inescapability.

For that very reason our economy repeatedly invokes major financial crises. 500 years ago these crises were solved importing Gold and Silver from México. After the 2008 collapse 4 trillion dollars of tax money needed to be spent to rescue the banks.

The collapse of the European sustainable economy was similar to the old Mayan world’s ending. The reason for the Mayan collapse does not lie in their own but in their colonisers culture.

Do not believe the unproven tales of the Maya depleting their natural resources – they are a projection of what our globalised economy is presently doing to the world.

The Maya acted in agreement with nature.

Nature favours efficiency. Efficiency means to do things well, improving and growing with practice.

But as we gain efficiency the world changes and we lose our capacity to adjust to these changes through resilience or adaptivity. Here is our weak point.

The secret lies in synergising the two. The Maya therefore think of themselves as spacemakers for people to develop their creativity and for nature to thrive.

Mayan family farmers always remained part of the natural productive cycle. They know that to take from the earth you must give.

Little is known about the Mayan civilisation, its books and knowledge were destroyed. Only 3% of their major cities have been partially identified.

Some settlements are several thousand years old and left no trace except a few big stones, ideas and … trees … enough to show that their vital economy of diversity and multi-functionality tried to reach close to nature’s perfection, its energy and information flows.

Bernardo del Monte
Chan Ká Vergel
Oxkutzcab, Yucatán
México

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How to create a sustainable society • Part 2

Trees

Growing up in Germany after the war I knew about poverty,
but luckily I grew up in nature and amongst trees.

My father grew trees restoring the damage inflicted by World War 2.
My grandfather produced trees following the devastations of World War 1.
His grandfather restored what early industrialisation had destroyed.
I lived with hundreds of millions of trees and I was told that this was all about sustainability. Yet the sustainability I grew up with was only about repairing damages.

I became a man of trees myself and studied the newest wave of destruction, the depletion of rainforests. It is by no means an accidental phenomenon. People with names and addresses make it happen.

Rainforests are not thought of as being useful except when transformed to money. So the forests are not just dying, they are being killed.

The scientific and economic justification guiding the murderers was taught in our Universities when I studied there, intending to produce prosperity. Yet we harvest poverty.

That’s how far cultural habits reach.

For ages exploitation seemed to be a tolerable habit. Our culture was only one of many, a few million people existed on earth. During the past 150 years then the number of humans increased 600fold, fuelled by the use of fossil energies. Today there is only one dominant culture on earth, ours, and we should rather make it sustainable.

In Yucatán I witnessed total forest destruction 40 years ago. The Península was largely covered by valuable tropical Mahogany forests, timber being the major export article. The last massive timber extraction project in the state of Yucatán ended in the 1960ies. Thereafter not a single Mahogany tree remained.

In Germany the same had happened 300 years earlier. Industry grew and needed firewood. People sold timber until nothing was left. Money lenders assured that these operations were financed. Forests disappeared, hunger and poverty were all over. Millions of people fled to other continents.

But the late 18th century saw a major transformation. Forests were restored and hunger was ended through an explicit program for cultural change, land reform and education.

Now timber production boosted, villages, towns, cities own and manage forests. Timber revenues from Germany’s beautiful forests became the mayor independent source of communal income … and my family started growing trees.

Driving through Germany I was shown how the trees that had accompanied my early life had grown into thriving forests.

Let’s look even further back. Some 1’000 years ago Europeans started building a deeply Christian society. Towns independently created a new culture and economic, social rules. They entered a long phase of sustainable prosperity.

800 incomparable cathedrals were built, similarly impressive as the Mayan pyramids. Modern architects have a hard time imagining how that was achieved. A culture of local responsibility and trust made it possible, reflected in diverse monetary systems. This culture, too, was destroyed, and Europe entered the dark ages, centuries of war. Again, monetary domination fuelled the destruction process.

War is expensive and Europe was poor when the intruders took off to the Americas. Overseas colonialism was urgently needed to support the European Economy. The colonialists arrived in Yucatán, supposedly discovering America, and found a most vital Mayan society, rich and productive. It maintained cooperation based commercial networks throughout the continent!

Their social structure, their management approach for water, soil, and forests were impressive. Not that everything always worked perfectly yet for many centuries the Maya had always returned to a truthful interpretation of their basic rules and reasoning. Priests’ supervised their synergistic development.

Bernardo del Monte
Chan Ká Vergel
Oxkutzcab, Yucatán
México

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How to create a sustainable society • Part 1

How to create a sustainable society

As a young man I rented an old cabin in a Yucatán village to spend 4 years learning Mayan agri-culture. Two of my children were born in a fully indigenous surrounding.

I still live in the Yucatán forest because some elders asked me to stay and
“tell the world what happens here!

Whatever these elders had in mind, they made me discover my own cultural assumptions. I realised that my cultural imprint made me feel proud of dominating nature. We take from the earth what we need. We kill what we don’t need. We call it progress and find joy in our power, just by habit, without even thinking about it.

Others follow different paradigms. The Maya and the Kogi represent many old American cultures who describe their relationship with nature differently:
‘The corn plant’ they say, ‘was so profoundly in love with people, it gave up its independent reproduction to be with man forever.

We are made of what we eat, so we exist because other beings want us to be around them.

The secret of the Mayan culture lies not in its big pyramids but in their daily life and culture, able to support up to 40 times more inhabitants than Yucatán has today. Now I apply the Mayan principles on my farm’s tree-gardens. They became a bird refuge with thriving fertility and precious forests, a small model for what the whole of the peninsula of Yucatán once was and can be.

In 2003 my own little village was granted the title Chan Ká, a position given to those who successfully establish a settlement of 7 houses.

Chan Ká’s were the core cells of the Mayan society’s political organisation. They assured the culture’s adaptability and sustainable transformation.

But today, in the neighbouring communities, I witness destruction.

The main source of income is transferred by those working in the US. Not because the Maya prefer living there. They subdue to the modern paradigm ‘ Go where the money flows!’.

I lived with the Maya when their vibrant markets and personal dignity were deeply impressive. The women wore beautiful embroidered dresses and heavy golden jewellery, the men shiny white suits. All that has gone. Mayans do not dance at their own fiestas any more because they lack enough money to buy the appropriate dresses.

Dr. Bernd Neugebauer
Chan Ká Vergel
Oxkutzcab, Yucatán
México

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Der erste Yucatek Kaffee

Pechschwarz ist er. Geschmacklich könnte er noch einige Verfeinerungen zulassen. Doch es ist eindeutig Kaffee. in der Tasse zeigt er eine wunderbare Crema, er duftet, er belebt, und die Ernte war so ergiebig, dass sie für ein Jahr tägliche Kaffeetrinkens reichen sollte, fast ein halbes Pdung pro Woche kann ich nun verbrauchen.

Der Weg vom Kaffeestrauch in meinen Magen ist weniger als 70 Meter weit. Noch bevor ich meine Hütten im Chan Ká Vergel baute, habe ich einen Wald angelegt, den ersten Mahagonywald im Staat Yucatán. Man sagte mir damals, vor 25 Jahren, das ginge nicht, Mahagony wüchse hier nicht. Da ich aber meinen eigenen Sinnen mehr traue als den sogenannten Experten, wählte ich ein Stück Dornenbusch aus und bepflanzte es mühsam. Es war degradiertes Land, alte Viehweide auf einem ursprünglich Guten aber stark erodierten und verfestigten Boden. Deshalb ließ ich alle vorhandenen Bäume und Sträucher stehen, lichtete einige Reihen soweit auf, dass ich hindurchlaufen konnte, zog einfache Bewässerungskanäle und pflanzte an den Rändern Aloe vera.

Diese Aloe war ein Teil der Produktion, die zur ersten biologisch angebauten Aloe weltweit werden sollte. Durch ihren Verkauf finanzierte ich die Pflege des künftigen Waldstückes, und die war aufwändig. Immer wieder mussten die Dornbüsche zurechtgeschnitten werden, nur soweit, dass sie die Mahagony und Roten Zedern, unsere beiden hochwertigen Tropenhölzer nicht erstickten, Ihnen aber doch genug Schatten gaben um langsam gerade nach oben zu wachsen und nicht auch zu wilden Büschen zu werden.

Ein Knospen- und Triebbohrer setzte den Jungen Bäumen immer wieder zu. Fünf Jahre lang wurden die jungen Triebe immer wieder angebohrt, ausgehöhlt, verdorrten. Doch mit der Zeit lernte ich damit umzugehen, indem ich Verständnis für diesen sogenannten Schädling entwickelte. Er half uns ja! Die Bäume sollten gar nicht zu schnell in die Höhe wachsen, sie wären ans volle Licht gekommen und in die Breite gewachsen. Ich aber möchte hohe schlanke Stämme in meinem Wald sehen, Stämme, die man früher im Regenwald fand, die heute aber kaum noch zu bekommen sind, wenigstens 10 Meter lang und 50 bis 80 cm dick. Das war mein Ziel.

Fortan half ich dem ‚Schädling‘ bei seiner Arbeit. Sobald ich erkennen konnte, dass sich ein Triebbohrer in den jungen Trieb eines Mahagonybaumes hineingefressen hatte, Schnitt ich den Trieb mit der Machete unterhalb der Frassstelle ab. Nach einigen Wochen wuchs ein neuer Trieb, und derr Effekt der Übung war jeweils ein kräftigeres, gerades Stämmchen.

Währenddessen fanden sich im Wald immer neue Baumarten ein, Eichhörnchen trugen Samen heran, Fledermäuse und Bienen befruchteten, immer mehr Vögel Bauten ihre Nester. Etwa nach 8 Jahren nahm das Ganze Waldcharakter an und die Mahagonybäume begannen ihre Wipfel an die Oberkante des mittlerweile auf 10 Meter hochgewachsenen Bestandesdaches zu recken.

Das war vor 10 Jahren. Heute wohne ich vor einem fast 30 Meter hohen Wald voller gerade schlanker Stämme von rund 50 cm Durchmesser. Die großen Kronen sind bereits jetzt die höchsten weit und breit. Wie sagte ein Besucher: es ist als wohntest Du in einem anderen Land!

Unter solch einem Walddach gedeiht auch in Yucatán Kaffee. Die ersten Sträucher sind nun 5 Jahre alt. Noch ist es nur ein Dutzend, doch die zweite Generation wächst schon nach. neben ihnen haben die ersten Kakaobäumchen geblüht. Sie tragen noch keine Früchte, weil uns der kleine Käfer, die sie befruchtet, offensichtlich noch fehlt. Er wird kommen, so wie sich schon viele Wladpilze angesiedelt haben. In diesem Jahr habe ich einige Mahlzeiten mit Steinpilzen und Waldparasolen bestritten. Das alles sind Neuheiten in Yucatán, Neuheiten, die es weder im Wald noch auf der Speisekarte zuvor gegeben hat.

Der Kaffee übrigens wird als rote Reife Beere geerntet, dann mit unseren selbst vermehrten Mikroorganismen fermentiert, damit das Fruchtfleisch sich löst, getrocknet heißt er dann Pergamino, weil eine Pergamenthaut die Kaffeebohne umgibt. Die wiederum lösen wir indem wir alles durch eine Handmühle schicken. Die Pergamentstückchen und Kaffeebohnen müssen dann im Wind getrennt werden. Schließlich werden die kleinen und hässlichen Bohnen von Hand aussortiert, dann geht es zum Rösten auf dem Comalcalco, einer Tonplatte auf dem Holzherd. Erst ganz zu letzt werden die braungerösteten Kaffeebohnen gemahlen und wiederum auf dem Holzfeuer nach alter italienischer Manier als Espresso zubereitet. – Nach all diesen Mühen schmeckt der Kaffee. Da kann kein eleganter Nespresso mithalten!

Apropos: gerade während ich schrieb kamen Mitarbeiter mit der heutigen Honigernte vorbei: Dzidzilchéhonig vom Feinsten pünktlich zum ersten Kaffee!

Bernd Neugebauer
Chan Ká Vergel
97880 Oxkutzcab, Yucatán, México
b.neugebauer@xina.de
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In México: +52 1 997 101 5794

Macondo

Ich sitze derweil im Café mit Blick auf das Hotel MACONDO. Habt Ihr 100 Jahre Einsamkeit gelesen, oder die Liebe in den Zeiten der Cholera? Das spielte sich alles hier ab, in Santa Marta und Baranquilla. Für die Caribeños hier ist das normales Leben, und die deutsche Ordentlichkeit stinklangweilig.

Heute Abend treffe ich Luis Fernando, genannt ‚el Feo‘, der Hässliche, ein Unternehmer dieser Stadt. Er nennt mich ‚Patrón‘, wir lachen viel und träumen von schönen Projekten, während draußen in der Bucht die Schiffe jener beladen werden, die hier in 500 Jahren schon immer Macht und Geld hatten. Daneben die KOGI Indianer, mit denen ich über die Gestaltung einer ganz andere Gesellschaft spreche, die sie auch leben, in traditioneller Kluft durch die Stadt laufen, auch mal vor einem Kanaldeckel eine heilige Zermonie ausüben, weil dort eben früher ein heiliger Platz war. Dann fährt der Verkehr halt um sie herum, alle unbeirrt. Die Daboon, eine der alten reichen Familien hier, exportieren Bio-Palmöl nach Deutschland, auch Bio-Bananen, werden im deutschen Ökohandel gepriesen, haben hier aber viele kleine Bauern von ihrem Land vertrieben und sind wegen Subventionsbetrug verurteilt worden – sie haben auch noch die für dieses kleinen Bauern bestimmten Förderzahlungen zum Ökolandbau kassiert. Für mich ist das hier die wirkliche Welt. In Deutschland tun wir nur so als sei alles geregelt und in Ordnung, oder auch nicht. Was mich immer wieder anzieht, hinzieht zu dieser Stadt, ist, dass die ofensichtliche Ehrlichkeit, in der sich hier alles abspielt, sich gleichzeitig in grosser Lebensfreude ausdrückt. Alle hier geniessen ihr Leben, offensichtlich, und sie teilen die Freude.

Schulen und Verschulen

Ich bin in einer Baumschule aufgewachsen. Die erste kommerzielle Forstbaumschule der Welt hat der Großvater meines Großvaters in Halstenbek, Holstein gegründet. Das war 1846, jene Periode, in der die Industrialisierung an Fahrt gewann. Hans Hinrich Pein lebte auf dem Land, am Stadtrand von Hamburg, und die Hamburger Kaufleute waren damals erstaunt, dass ein einfacher Bauer ein großes Geschäftsmodell entwickeln konnte. Sie nannten die Baumschulen Industrie ohne Schornstein. Es konnte ja schlecht sein, dass einfacher Bauer so viel Erfolg hatte.

Ich wuchs also in einer Industrie ohne Schornstein auf. Das war in einer Zeit, in der man aus der Stadt noch täglich mit schwarz verschmutztem Kragen nach Hause kam. Die Menschen nahmen Lärm, Gestank, schmutziges Wasser und manch andere Brutalität zugunsten des Fortschritts gerne in Kauf. Sie waren damit beschäftigt, der garstigen Vergangenheit zu entkommen und wurden nicht der Ungeheuerlichkeiten gewahr, die im Zuge dieses Wandels entstanden. Irgendwo in der Erinnerung lebten noch die frohen 20er Jahre. Was seither geschehen war, wollten sie vergessen machen.

Die Förster in ganz Deutschland nannten unser Dorf die Wiege des Waldes. Ihre Wirklichkeit war eine andere. Ihre Aufgabe war es, schnellstmöglich die Kriegsschäden im deutschen Wald zu beseitigen, denn der war entweder im Krieg von den Deutschen selbst, oder von den Alliierten nach deren Sieg geplündert worden. Morgenthau hatte dazu aufgerufen, Deutschland zu entmachten und seine Industrialisierung rückgängig zu machen. Die Furcht isoliert zu werden sass tief, und so bekamen Rohstoffe einen hohen Stellenwert. Die deutschen Bäume sollten wieder wachsen, und das war schon wieder ein Grund dafür, die Baumschulen zur Industrie ohne Schornstein zu erklären.

Hier, in unserer Baumschule, fand deshalb mit großer Sorgfalt die Kleinkinderpflege für einen hohen Prozentsatz der in der deutschen Wiederaufforstung verwendeten Pflanzen statt. Man sagte, nirgendwo sei die Erde dafür besser geeignet als in Halstenbek. Das gefiel mir, denn ich war selbst ein ebenso erdverbundenes Kleinkind wie diese Pflanzen. Wir lebten inmitten der Baumschulen, das Haus stand allein, fast ohne Nachbarn, und meine Freunde waren in den fünfziger Jahren die bäuerlichen Arbeiterinnen auf den Feldern. Mein Großvater, der seit den Zwanzigern den Betrieb übernommen hatte, war Herr über 14 Pferdegespanne, und in der Baumschulsaison, der Versandzeit, kamen viele 100 Arbeiter aus dem Umland angefahren um Pflanzen zu ziehen, Unkraut zu jäten, und um zu verschulen.

Bevor ich selbst zur Schule kam, kannte ich dieses Wort schon. Verschulen. Nie verstand ich was damit gemeint war. Als ich in der ersten Klasse saß, fragte ich mich, warum Bäume auch zur Schule gehen müssen. Diese Verwunderung begleitete mich über viele Jahre, das Leben in der Baumschule prägte mich.

Der Großvater führte einen eigentlich biologischen Betrieb, auch wenn er so nicht genannt wurde. Sein Kompostplatz war einen halben Hektar groß, mir schienen die Komposthaufen meterhoch. Wahrscheinlich waren es 160 cm, ich war halt noch klein. Den Geruch der natürlich gedüngten Erde vermisse ich heute, den gibt es nicht mehr. In den Frühstückspausen mischte er sich mit dem Essensduft. Da wurde ein kleines Lagerfeuer aus Pflanzenresten angezündet, in dem die Arbeiterinnen Kartoffeln buken. Nichts aß ich lieber.

Doch die Industrialisierung der Nachkriegszeit zog Arbeitskräfte aus der Landwirtschaft ab, und so oblag es meinem Vater, Mechanisierung und Rationalisierung in den Baumschulen einzuführen, indem er die ersten, vorerst noch verbotenen Herbizide einsetzte. Er war der einzige Baumschuler, der sich hierzu traute, und im Bemühen das Unkraut zu vernichten, verätzte er viele Pflanzen, bis er erfolgreich war und das Überleben nicht nur seines eigenen Betriebes, sondern der ganzen Branche sicherte. So verschwanden in den sechziger Jahren die guten Gerüche meiner Kindheit und wurden durch den penetranten Gestank von Gift ersetzt.

Damit ist wenig verwunderlich, dass ich selbst bald begann, mich der Förderung des biologischen Anbaus zu widmen. Biochemie, Bodenkunde, Ökologie, Genetik und Forstwirtschaft wurden meine Lieblingsthemen. Ich kündigte der Familientradition, übernahm den Baumschulbetrieb nicht und widmete mich dem, was ich als unsere wirkliche Tradition empfand : dem sorgsamen Umgang mit Erde und Pflanzen. Die ersten beruflichen Schritte tat ich dort, wo Bauern damals noch umfassend naturgemäß arbeiteten, in Lateinamerika. Ich lernte traditionellen Landbau, forschte in landwirtschaftlicher Archäologie und Waldwirtschaft.

Die moderne Welt war mir weniger attraktiv, auch wenn mein Vater traurig war, in mir nicht den ‘Industriellensohn’ jener Industrie ohne Schornstein gefunden zu haben. So engagierte ich mich stattdessen für die neuerliche Ökologisierung des Landbaus und für eine nachhaltige Waldwirtschaft ohne Baumschulen. Es war die Energie der Erde, die mich dabei durch viele Widerstände trug und mir Halt gab. Dieser Weg schien mir konsequent zu sein, doch die Antwort auf die erste große Frage meiner Kindheit fehlte immer noch: warum müssen die Bäume zur Schule gehen?

Ich war schon vierzig und betrieb für einige Jahre im Schwarzwald eine Baumschule, als ich der Antwort auf diese Frage endlich näher kam. In unserer Gemeinde wurde zu einem Treffen der Führungskräfte aus Verwaltung und Unternehmen eingeladen. Gleich nach den Direktoren der verschiedenen Schulen stellte der Bürgermeister mich der Runde mit den Worten vor “Dies ist der Direktor unserer schülerreichsten Schule!”, ich verschulte damals 2,5 Millionen kleine Pflanzen. Alle lachten über den gelungenenWitz. Mir jedoch wurde klar, dass die große Frage meiner Kindheit falsch gestellt war und neben mir auch kein anderer verstand worum es ging.

Die Frage war gar nicht, warum die Bäume zur Schule gehen sollten, sondern warum wir Menschen verschult werden mussten wie die Bäume.

Fortan sah ich Vieles anders. In den Folgejahren widmete mich der Pädagogik. Die Rede des Bürgermeisters hatte, ohne dass ich dessen richtig gewahr wurde, einen Berufswechsel bewirkt und ich ersetzte meine Baumschule durch ein Ausbildungsinstitut namens Trees for People. Es veranstaltete in vielen Ländern Kurse und Ausbildungen, brachte Menschen zusammen um traditionelle biologische Wirtschaftsweisen bekannt zu machen und Strategien der ökologischen Entwicklung zu erarbeiten. Wurde ich gefragt, warum ich es Trees for People nannte, sagte ich “Weil ich jetzt Bäume in die Köpfe der Menschen pflanze”. Mit aller Hingabe wurde ich zum Pädagogen und fühlte mich sehr wohl in dieser Rolle.

So begann ich anders über das Verhältnis von Baumschulen und Menschen zu denken und blieb neugierig, wollte dem Rätsel tiefer nachgehen. Ich lernte was ich an pädagogischem Wissen auftun konnte, schloss mich der deutschen Schulreformbewegung an und bin bis heute fasziniert von der unfassbaren Bandbreite guter und miserabler Beispiele des Lehrens, Lernens und Erziehens.

Vor allem aber fragte ich seither viele Lehrer, was das Wort Schule bedeutet.

Das Ergebnis war erschütternd: bis heute hat mir kein Lehrer die Frage beantworten können. Es gibt Millionen von Menschen, deren Anliegen die Ausbildung und Erziehung kommender Generationen ist, und sie wissen nicht was das Wort bedeutet, das ihre Tätigkeit, ihre Welt und ihr Ansinnen definiert.

Es ist eben nicht so, dass die Bäume zur Schule gehen. Vielmehr werden die Kinder verschult, erst eingeschult, dann verschult und erzogen. In der Schule geschieht genau das, was auch in der Baumschule mit den Pflanzen geschieht: dort erlebte ich als Kind, wie die kräftigen Arbeiter mit einem Keilspaten sehr gerade Rillen in den Boden drückten, in ganz genauen Abständen, mit exakter Tiefe und Breite. Eine Arbeiterin legte dann das Verschulbrett über die Rille, ein langes Brett mit regelmäßigen Einkerbungen, in die kleine biegsame Pflanzen so gesteckt wurden, dass sie stramm in der Rille hingen. Ein Mann trat dann mit schweren Stiefeln die Rille zu, klemmte die Pflanzen ein, dass sie aufrecht standen, in Reih und Glied, alle Biegsamkeit verloren, die Abstände einhielten, die Steige zwischen den Reihen nicht bedeckten, diszipliniert in die Höhe wuchsen.

Tausende solcher Pflanzen verschulte eine Arbeiterin jeden Tag. Millionen standen in der Baumschule in Reih und Glied. Wichtigstes Kennzeichen einer Baumschule war ihre Ordnung und Sauberkeit, und das war sinnvoll, denn es ermöglicht hochwertige Pflanzen zu erziehen. Darin ist überhaupt nichts Schlimmes, doch dass Menschen nach eben diesem Muster verschult werden, das ist schlimm.

Menschen sind keine Bäume

Bei allem Respekt vor den Bäumen zeichnen sich Menschen ja gerade dadurch aus, dass sie wendig sind, bewegungsfähig, kreativ, auch biegsam, anpassungsfähig. Menschen sind mobil, Bäume sind standfest. Menschen brauchen Erdung, Bäume stehen fest in der Erde und suchen den Himmel. Bäume wachsen und verzweigen sich in Luft und Boden. Sie füllen den Raum. Menschen lernen sich zu zentrieren, achtsam zu sein, andere wahrzunehmen und in Beziehung zu treten. Bäume faszinieren die Menschen, weil sie so anders sind als wir und dennoch symbolische Bedeutung für unser dauerhaftes SEIN haben. Ich weiß nicht, ob die Bäume auch vom Menschen fasziniert sind, doch eines ist sicher, ihr Lebensziel ist ein anderes als das unsrige.

Mobile Wesen brauchen eine andere Erziehung als solche, die 200 Jahre am gleichen Ort verharren werden. Die Industrie brauchte und wollte im 19. Jahrhundert standfestere Wesen an ihren Fliessbändern, dazu hat sie die Schulen geschaffen, damals, als man meinem UrUrgroßvater sagte, er betreibe eine Industrie ohne Schornstein. Die Schulen sind ein Produkt der Industrialisierung, nicht der Menschwerdung, auch nicht der Bildung. Ihre Lehrpläne und Konzepte entstammen dem Bedürfnis nach Normierung und Vereinheitlichung. Die Menschen sollten auf ein ausdauerndes, schnelles und präzises Arbeiten in der Industrie vorbereitet werden, bei dem ihr eigener Wille nur störte. Arbeiter wurden verschult, damit sie Teil der neugeschaffenen Maschinerien jener Großindustrien wurden, die Charlie Chaplin in ‘Modern Times’ veranschaulichte. Die bürgerliche Elite hingegen schickte ihre Kinder weiterhin auf die Bildungsanstalten, Gymnasien und Lyceen.

Normierung kann in bestimmten Phasen der Entwicklung sehr sinnvoll sein, sie gehört zur Gemeinschaftsbildung. Als unsere Vorfahren sich für die Industrialisierung entschieden, mussten sie sich dieser Notwendigkeit stellen. Wenn Normierung allerdings zur dauerhaften Fixierung eines Zustandes wird, ist sie ein Entwicklungshindernis. Sie muss konsequenterweise von einer Phase der kreativen Entfaltung und Umgestaltung abgelöst und ergänzt werden. In genau dieser Entwicklungsphase befindet sich unsere Gesellschaft momentan.

Aus diesem Grunde währt der Konflikt um das mehrgliedrige Schulsystem bis heute an. Schulen haben in ihrem Ursprung gar nichts mit Bildung zu tun, deshalb ist verständlich, dass die bildungshungrigen oder bildungsmächtigen Bürger unseres Landes sich einer Zusammenlegung solch unterschiedlicher Anstalten widersetzen. Die Furcht, Einheitsschulen könnten die Bildung zerstören, ist berechtigt. Gerade deswegen müssen unsere Schulen verändert werden.

Gehen die deutschen Schulreformer etwa mit der falschen Fragestellung ans Werk? Sie fragen warum die Bäume zur Schule gehen müssen, statt sich anzuschauen, warum Menschen verschult werden. Müssten sie nicht erst einmal verstehen, warum den Haupt- und Mittelschülern jemals der Zugang zur Bildung vorenthalten wurde. Sollten sie nicht fragen, ob Bildung überhaupt in einen von Druck und Leistung geprägten Unterricht gezwängt werden kann. Das Wissen der Menschheit verdoppelt sich derzeit alle paar Jahre. Wir können doch nicht erwarten all das Alte und Neue in der gleichen Zeit in junge Menschen hinein zu pflanzen, in der früher nur ein kleiner Bruchteil davon unterrichtet wurde. Die Zeit des Verschulens ist vorbei.

Mehr ist nicht besser. Weniger kann mehr sein, vor allem wenn Bildung so verstanden wird, dass sie dem jungen Menschen und seiner ihm gegebenen Veranlagung, Lernbegierde und Kooperationsbereitschaft Anschluss an die Gemeinschaft bietet. Da sind nicht Stoffmassen gefragt, da geht es nicht um Bedienungsanleitungen, sondern um Erkenntnis und Selbstvertrauen, um Lebensfreude und Lebenskraft.

Wir dürfen nicht die Verschulung vereinheitlichen, sondern sollten mittlerweile reif genug sein, um jedem Menschen Zugang zur Bildung zu geben, denn jeder Mensch ist wissbegierig, neugierig, ja neulustig. Niemand sollte davon ausgeschlossen werden, dieser inneren Lust nachzukommen. Warum sollen Kinder noch in ebensolche Schulen gehen wie vor 100 Jahren? Merken wir denn nicht, wie viele von ihnen mit großem Enthusiasmus der Einschulung entgegenfiebern, dann aber nach wenigen Wochen oder Monaten ihre Motivation verlieren?

 

Norwegen

Es ist Mord motiviert aus Hass und aus der Angst vor dem Fremden.
Es ist der Hass der Unwissenden, die nicht verstehen wie unsere Wirtschaft funktioniert, woher unser unglaublicher Reichtum kommt. Wer das versteht, wird auch die Frage anders beurteilen, ob Menschen anderer Kulturen und Religionen daran Anteil haben sollen.

Der Westen bezieht seinen Reichtum immer noch zu großen Teilen aus der ausbeuterischen Begegnung mit anderen Kulturen. Seit 500 Jahren haben wir geraubt soviel wir nur konnten, Gold, Silber, Lebensmittel, heute rauben wir Arbeitskraft, schicken unsere Fabrikationsstätten dorthin wo die Arbeit am billigsten ist. Es hat die modernen Medien gebraucht um den Menschen in den ausgebeuteten Regionen zu zeigen wohin der Ertrag ihrer Arbeit fließt und wohin sie sich begeben müssen um einen Teil davon abzubekommen.

Nun kommen sie – wer die Hintergründe versteht und die eigene Geschichte ehrlich zu betrachten vermag, wird Verständnis für die Integration der Kulturen aufbringen. Die Antwort auf den Schock sollte Ehrlichkeit sein.